¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!
Esto es lo que debió pensar Pietro Orseolo, el dux (o dogo) de Venecia allá por el año 1000, cuando renunció a su cargo, abandonó el mundo y se recluyó en un monasterio en los Pirineos.
Llevaba tiempo meditando esa decisión, la de hacer una vida retirada, apartado de los fastos de Venecia y del mundo de la política. La ocasión se le presentó cuando el abad Guarí, del monasterio benedictino de San Miguel de Cuixá, a los pies del Canigó, en plenos Pirineos, fue a Venecia en peregrinación para venerar las reliquias de San Marcos.
Como no tenía donde dormir, un lugareño le indicó un lugar donde alojarse. Era, nada más y nada menos, que el palacio ducal. El dux, cuya hospitalidad para con los peregrinos era conocida por todo el mundo, le recibió amablemente y al entablar conversación con el abad se dio cuenta de que era uno de los hombres más piadosos y cultos que había conocido.
Inmediatamente le manifestó su deseo de renunciar a su cargo y recluirse en un monasterio, aunque sabía perfectamente que ni los nobles ni el pueblo iban a permitirle semejante aventura. El abad comprendió perfectamente los deseos del monarca y le propuso partir con él esa misma noche, secretamente, hacia su lejano monasterio de los Pirineos.
Así fue como el dux, disfrazado de monje y acompañado de dos de sus nobles más fieles y dos ermitaños, abandonó la ciudad de los canales, a su esposa la dogaresa, y los lujos y comodidades de la corte.
Aunque el viaje fue largo y penoso, recorriendo todo el norte de Italia y el sur de Francia, Pietro no dudó en hacer los últimos metros hasta su nueva morada a gatas, en señal de sumisión. Los demás acompañantes regresaron
a Italia al poco tiempo, pero el dux se quedaría para siempre en los Pirineos, viviendo de forma sencilla como los demás monjes de la abadía, que todavía hoy sigue guardando como uno de sus mayores tesoros la tumba del que, en su tiempo, fue el hombre más poderoso de la República de Venecia.
Categoría: Curiosità
Il vitello tonnato o vitel tonné, anche se il nome potrebbe ingannare, è un piatto italiano tipico della cucina piemontese. Fa parte dei numerosi e saporosissimi antipasti piemontesi, lingua al verde, salame cacciatorino, carpione di zucchine e cotolette, vitello tonnato, giardiniera, trota in carpione, peperoni farciti, girello di fassone… con i quali si può fare anche un ottimo pasto completo, e che vengono presentati, già da qualche anno, nella sagra degli antipasti di Saluzzo, in provincia di Cuneo.
Ricetta
Ingredienti:
Kg. 1 di girello di vitello
Tre cucchiai di aceto
Carota, sedano, rosmarino e alloro
250 gr. di tonno sott’olio
6 filetti di acciuga
Due cucchiai di capperi sott’aceto
Bollite la carne per circa un’ora in acqua aromatizzata con sale, aceto, carota, sedano, alloro e rosmarino. Lasciate raffreddare la carne nel suo brodo di cottura.
Preparate la salsa tonnata frullando insieme il tonno sbriciolato, le acciughe e i capperi, aggiungete la maionese fatta in casa e mischiate. Se la salsa vi sembra troppo densa potete aggiungere un cucchiaio del brodo di cottura della carne.
Tagliate il vitello a fette sottili, cospargetelo con la salsa e decorate con qualche cappero. Servite freddo.
Per chi non ama la maionese o in estate preferisce evitare quella fatta in casa, può preparare la salsa solo con tonno e acciughe, ma in maggiore quantità, alle quali aggiungerà un tuorlo di uovo sodo, il tutto diluito con qualche cucchiaio del brodo di cottura.
Categoría: Gastronomia
Forse non tutti sanno che la rucola è una verdura che è tornata sulle tavole degli italiano solo negli ultimi 15 anni, dopo un lungo periodo di “latitanza”.
La rucola infatti, era già cara agli antichi romani, che la conoscevano con il nome latino di eruca sativa e la utilizzavano in particolar modo per le sue proprietà curative, come proprietà depurative, digestive, diuretiche, stimolanti e toniche. La rucola è anche ricca di vitamina C e sali minerali ed è specialmente benefica per il fegato.
Tuttavia, una delle proprietà più apprezzate della rucola sin dall’antichità è senza dubbio il suo effetto afrodisiaco: nel Rinascimento, addirittura, l’erborista Matthias de l’Obel (XVI sec.) narra come alcuni monaci, eccitati da un cordiale a base di rucola, furono costretti ad abbandonare il voto di castità.
Ancora oggi, in alcuni paesi del Sud Italia, si dice che, se mangiata durante la pubertà, la rucola aiuterebbe ad avere un seno più prorompente.
Oggigiorno però la rucola (o rughetta, come la chiamano in alcune zone) viene utilizzata soprattutto come ingrediente di infinite nuove ricette, che allargano e arricchiscono il panorama gastronomico del Bel Paese. Le sue foglie, dal caratteristico sapore piccante e amarognolo, simile a quello della senape, si utilizzano infatti sia crude che cotte, combinandole con una vasta gamma di prodotti alimentari. In insalata, nei tramezzini, con il carpaccio di carne o per accompagnare una bresaola, oppure ancora nel sugo della pasta, sotto forma di pesto, o sulla pizza, la rucola può essere combinata in mille modi.
La rucola in realtà non è una specie singola, bensì si tratta di diverse specie erbacee, che crescono un po’ in tutto il mondo. In Italia, a seconda delle regioni, la conosciamo come arucola, ruca, ruchetta, rucoletta, rugolo, r’cuacceo, ma nelle sue tante varietà la si usa anche nella cucina egiziana o in India, dove dai semi di rucola si estrae un olio usato per le lampade.
Una volta era molto facile raccogliere la rucola selvatica nelle campagne italiane e di fatto raramente la si coltivava, ma attualmente sempre più di rado la si trova in mezzo ai campi. Siamo invece abituati a trovarla in qualsiasi mercato o supermercato e anche a qualsiasi stagione.
Sembra che il risorgere della rucola sulle tavole degli italiani, sia dovuto ad una giusta combinazione di ricerca e marketing, promossa a partire dagli anni ’80 dalla Bioversity International, organizzazione internazionale non–profit dedicata alla ricerca scientifica e alla salvaguardia e all’uso della biodiversità agraria, in collaborazione con il governo italiano.
Grazie al lavoro di ricercatori e scienziati interessati a far sì che l’uso di questi prodotti non più popolari sulle nostre tavole tornasse in auge, la rucola è anche diventata un’opportunità per controbilanciare le cattive abitudini alimentari dettate dalla modernità.
Categoría: Gastronomia
Todo turista que viaja a Nápoles, además de poder disfrutar de una de las ciudades más fascinantes de Europa, podrá tener el placer de pasearse por la que quizás sea la ciudad más increíble del mundo, Pompeya, la ciudad sepultada por el Vesubio hace casi 2000 años.
Todo el mundo podría referir cosas acerca de esta ciudad aun sin haberla visitado: sus pinturas murales, sus figuras humanas con el horror marcado en los últimos gestos de su vida, las calzadas con las ruedas de los carromatos marcadas, sus casas, sus templos, todo lo que se ve allí resulta fascinante para cualquier persona mínimamente sensible.
Lo que ya no es de todo el mundo conocido es que el descubrimiento de semejante maravilla se debe a un zaragozano, Roque Joaquín de Alcubierre, que fue quien dirigió las excavaciones de Herculano, Pompeya y Estabia desde el año 1738.
Muy poco se sabe de su vida en España, tan solo que nació en Zaragoza en 1702 y que era el protegido de los Condes de Bureta, gracias a los cuales logró hacer carrera como ingeniero militar en el ejército de Felipe V, destacando por sus dotes de delineante. Viajó a Italia formando parte del cuerpo expedicionario del hijo del rey, Carlos, que con el tiempo primero sería rey de Nápoles y después rey de España. A las órdenes del recién nombrado rey Carlos, con el título de ingeniero extraordinario, Alcubierre empieza a trabajar en Portici, ocupándose de las obras del jardín real. Ya por aquel entonces periódicamente los campesinos encontraban objetos antiguos cada vez que hincaban el arado y cuando se construían casas y canalizaciones, los hallazgos eran cada vez más numerosos.
Fue Alcubierre el que empezó a sospechar que debajo había algo más que una serie de objetos diseminados, así que solicitó permiso para empezar a excavar debidamente. Y así lo hizo en Herculano, con solo tres obreros, encontrando primero el teatro de la ciudad. Dada la magnitud de los hallazgos (estatuas, bronces, lápidas), los efectivos aumentaron y empezaron a surgir de la tierra nuevas piezas que despertaron el entusiasmo del monarca. Alcubierre iba reflejando en su diario todo este arduo trabajo, realizado en unas condiciones todavía muy penosas, a base de galerías con una ventilación muy deficiente. Cuando se descubrió la basílica con sus espléndidos frescos, nuestro personaje enferma dada la insalubridad de su trabajo. Pierde toda la dentadura y gran parte de la visión, pero cuando se recupera vuelve con ganas renovadas y ya con el grado de teniente coronel sigue sacando a la luz infinidad de mármoles, frisos, objetos de vidrio, docenas de bustos y más de mil papiros con textos filosóficos escritos en latín y griego, fondos que formarán con el tiempo el Museo Arqueológico de Nápoles, uno de los mejores del mundo en su género.
Y en 1748 aparece por fin Pompeya, con su anfiteatro, sus templos, sus calles, sus casas magníficamente conservadas, sus mosaicos, todo un mundo por descubrir, cuyas excavaciones distan mucho de estar acabadas en la actualidad.
Alcubierre siguió excavando en Estabia, Capri, Pozzuoli, hasta en la legendaria Cumas. Su labor también fue criticada por consagrados arqueólogos contemporáneos suyos, entre ellos el alemán Winckelman, considerado el padre de la arqueología. Críticas debidas a lógicos errores en los planteamientos de las excavaciones, dada la precariedad de medios tecnológicos y la deficiente formación arqueológica de nuestro protagonista, y también, por qué no, a cierta envidia, al ver que un advenedizo, un simple ingeniero militar, les robara la gloria de descubrir la única ciudad de la Antigüedad que hoy, de forma casi intacta, podemos admirar.
Categoría: Curiosità
SAI CHE ARNALDO POMODORO HA REGALATO UNA SCULTURA ALLA NOSTRA CITTÀ?
Arnaldo Pomodoro (Morciano di Romagna, 1.926), è considerato il più grande scultore contemporaneo italiano.
Le sue opere sono sparse per il mondo. È famoso soprattutto per le sue particolari Sfere di bronzo, che si scompongono, si rompono, o si aprono davanti allo spettatore. Puoi ammirare per esempio “La Sfera” che c’è nel Cortile della Pigna, ai Musei Vaticani, o quella nel Trinity College di Dublino. Nel 1991 ha fatto “Disco Solare” che è stata collocata a Mosca, “Sfera con Sfera” di oltre 3 metri di diametro, si trova invece nel piazzale della Nazioni Unite a New York.
Dal 4 luglio al 25 agosto 2.002 ha realizzato una mostra a “La Lonja” di Saragozza.
Dopo la sua visita ha donato alla città una scultura chiamata “Torre Spirale” che si può vedere nel “Claustro del Centro de Historia” .
La scultura, infatti, è la realizzazione di un “proprio” spazio dentro lo spazio maggiore dove si vive o ci si muove. L’opera, quando trasforma il luogo in cui è posta, ha veramente una valenza testimoniale del proprio tempo, riesce ad improntare di sé un contesto, per arricchirlo di ulteriori stratificazioni di memoria.
Arnaldo Pomodoro, 2008
Categoría: Curiosità






