Frente a la belleza

            

Cuando me encontré ante aquel desafiante bloque de mármol de Carrara, radiante bajo una cúpula acristalada, recordé las palabras de mi madre:

“El sublime ideal de la belleza helenística, el pleno lenguaje corporal. Fíjate bien en el rostro, una mirada provocativa e ingenua que nos contempla con indulgencia, una leve sonrisa irónica que afianza el orgullo de este adolescente. Analízalo de abajo arriba, verás que Miguel Angel esculpió un cuerpo tenso, un rostro de facciones agresivas; sin embargo lo que percibes y sientes es todo lo contrario: reposo en el cuerpo y candor en la mirada. ¿Cómo pudo hacerlo?

 Intentarás retener en tu mente ese rostro, ese cuerpo, para poder recordarlo. Cuando estés en la puerta, querrás apurar más el momento y volverás sobre tus pasos para seguir contemplando unos instantes más esa cálida belleza marmórea, que acabará atrapándote. Paséate una y otra vez alrededor de él, hasta que tu mirada se emborrache de tanta belleza. ¡Cuántas veces lo he soñado! Convertirme en el vigilante que abre por las mañanas La Academia. Desgraciadamente nunca podré tener esa experiencia: encontrarme sola frente a él.

Los maliciosos aseguran que tiene una pose afeminada. Es el Renacimiento, el resurgir con fuerza del arte clásico. Es un adolescente y la postura se puede admitir perfectamente. Leí en una ocasión, que la felicidad es una forma de la memoria, cuando lo recuerdo soy feliz.”

 Rescatar este recuerdo también me hace feliz a mí. Caí rendida ante el David.

Florencia, septiembre de 1.995

María Jesús Mayoral Roche

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