Uno de los escritores más peculiares del panorama literario italiano, Mauro Corona, por fin ha sido traducido al español.
El calificativo de peculiar le viene como anillo al dedo, ya que Corona no es un escritor al uso. Para empezar, antes que escritor es leñador, montañero, escultor y escalador. Aunque la palabra que mejor le definiría sería la de ermitaño. Vive recluido en sus montañas, con su mujer y sus cuatro hijos, en un pueblo perdido de los Alpes friulanos.
En realidad vive muy cerca de lo que un día fue su pueblo, Erto, epicentro de una tragedia que conmocionó a toda Italia en 1963. Corona tenía tan solo 13 años cuando la presa del Vajont se reventó al desmoronarse sobre sus aguas una montaña entera, anegando todos los pueblos del valle y segando la vida de 2000 personas. Ese hecho –que al parecer las autoridades conocían con antelación- marcaría la vida del escritor para siempre haciendo de él una persona esquiva y huraña, de carácter nada complaciente, incluso en estos momentos, cuando goza de gran prestigio, primero como escultor de tallas de madera y después como escritor, convertido en todo un fenómeno editorial en Italia.
Ha llegado a las librerías españolas sólo una obra suya, Fantasmas de piedra (I fantasmi di pietra) de las casi una veintena que ha escrito. Como en muchas otras novelas suyas -Il volo della martora, La ballata della donna ertana, Vajont, quelli del dopo- rescata del olvido a su pueblo, a las gentes que lo habitaron hasta aquella fatídica noche de hace casi cincuenta años en la que una gigantesca ola los borró del mapa para siempre.
Algunas de sus obras ya habían sido traducidas a distintos idiomas –entre ellas al chino- pero a Mauro Corona le hace especial ilusión ser traducido al español, pues, según ha confesado, entre sus escritores favoritos figura Julio Llamazares, cuya obra La lluvia amarilla, siempre ha sido un referente para él. Ambos escritores tienen en común el amor por el paisaje perdido y después reencontrado, no en vano el escritor leonés también tuvo que abandonar su pueblo natal en las montañas al ser anegado por las aguas de un pantano.
Leer a Mauro Corona provoca una sensación especial, quizás por la frescura con la que describe a los animales, a sus queridas montañas y a sus habitantes, rezumando ironía, tristeza, melancolía y humor a partes iguales. Sus protagonistas son los bosques y sus moradores –martas, búhos, ciervos, árboles, plantas-, a los que describe meticulosamente, junto con las personas que pueblan esas recónditas aldeas, cuyo punto de encuentro son las tabernas, donde ahogan sus penas con un vaso de vino, como el propio escritor confiesa que hace siempre que puede.
Destacar alguna de sus obras sería tarea difícil, pero dado los tiempos que corren quizá habría que citar su novela La fine del mondo storto (El final de un mundo equivocado). En ella Mauro nos relata de forma cruda e implacable cómo pasan el último invierno de su vida los habitantes de este planeta, condenados a una muerte segura tras haberse agotado el petróleo y las otras fuentes convencionales de energía. Para él, solo volviendo a las formas de vida tradicionales de nuestros abuelos, mucho más apegados a la naturaleza que nosotros, hay alguna posibilidad de que el futuro que espera a nuestra civilización no sea tan negro como él lo pinta.
Mauro Corona ganador del “Premio Cálamo – Otra Mirada”
Gracias por la información, Luis. La literatura italiana actual apenas es conocida en España, así que premios como éste son siempre bienvenidos.