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Huellas italianas en ‘Pasión por Aragón’

Francisco de Goya y Giovanni Battista Piranesi tuvieron que cruzarse más de un día por las calles de Roma. Corría el año 1770 cuando el artista de Fuendetodos tenía 24 años y se se fue a aprender a la capital italiana. El grabador veneciano tenía entonces unos 50 años y era ya uno de los artistas más influyentes. Ahora vuelven a coincidir de nuevo, esta vez en el Patio de la Infanta de Zaragoza, en la exposición Pasión por Aragón. La Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País importó dos colecciones de estampas calcográficas italianas en el siglo XVIII. La primera de ellas, compuesta por 52 aguafuertes de 1699, pertenece a Alejandro Specchi, arquitecto de la escalinata de la piazza Spagna. La segunda colección lleva la firma de Piranesi. Los aragoneses adquirieron 164 piezas de 1766 que muestran cómo era la Roma diciochesca y sus gentes en las Vedute di Roma desde su visión como ingeniero y escenógrafo. Si tenéis curiosidad por saber cómo era el Teatro Marcello en el siglo XVIII, cómo estaba la fachada de la basílica de Santa Croce in Gerusaleme, el puente Molle sobre el TíberCastel Sant’Angelo, el Capitolio y la iglesia de Aracoeli, las termas de Diocleziano o el palazzo Stopani, entre otros lugares romanos, solo tenéis que daros una vuelta por el vestíbulo del Centro de Exposiciones y Congresos de Ibercaja (San Ignacio de Loyola, 16).

Los grabados de Piranesi son maravillosos y no solo porque muestran una Roma desconocida a los ojos del turista del siglo XXI, sino porque representan no solo las ruinas de lo que fue Roma, sino el sueño de lo que a él le hubiera gustado que hubiera sido. Yo no he visto nada parecido. Las ruinas nos muestran una belleza de Roma inigualable. Las figuras humanas aisladas que aparecen en sus trabajos dan idea de la inmensidad de lo retratado. Los viajeros de la época se llevaban sus grabados como recuerdo. No se habían inventado las postales, pero los diseños de Piranesi eran mucho mejor. Los alumnos de la Escuela de Dibujo de Zaragoza del siglo XVIII, que financiaba la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, copiaban obras de la antigüedad en pequeños cuadernos. Entre ellos, destacaron por encima del resto Bayeu y Goya. Es entonces cuando se abandona la idea del artista como artesano y cuando se trabaja para desarrollar el talento artístico de los estudiantes, que reciben clases de Geometría, Perspectiva, Anatomía, Pintura, Arquitectura, Escultura y Grabado. Para mejorar su formación, Goya se fue a Roma una temporada y allí pudo admirar todavía más la belleza de la obra de Piranesi. Como el veneciano, el artista zaragozano partía de la proporción y perspectiva real de las cosas, pero las agrandaba o modificaba, dándoles un toque personal, para imprimir un halo de fantasía rubricado por las escenas cotidianas en cada grabado.

Como lo haría Goya décadas después, el trabajo de Piranesi evolucionó hasta las Carceri d’invenzione. Son una auténtica revolución técnica y visual. En ellas, el italiano mostraba estructuras arquitectónicas colosales, de altos y gruesos muros, con espacios invadidos de escaleras que se entrecruzan y muestran el caos. Instrumentos de tortura, ánimas errantes pululan sin voluntad. Los personajes vagan sin expresiones en el rostro, inertes, como huéspedes del infierno.Nos muestra espacios oscuros, claustrofóbicos, angustiosos. En ellas se debió de fijar Goya para retratar sus famosas Pinturas negras. Tanto el artista veneciano como el de Fuendetodos plantearon en su obra una crítica lúcida y racional del mito y la tradición de lo clásico. 

Pasión por Aragón estará abierta al público hasta diciembre. La entrada es gratuita. Allí se pueden ver, entre otras cosas, once obras iniciales de Goya y dos cartas, las Vedute di Roma de Piranesi y los aguafuertes romanos de Specchi, así como las obras Niño Jesús San Juan Bautista, dos joyas del italiano Guercino, de la Escuela de Bolonia. También merece mucho la pena el disfrute de un autorretrato de Rubens en el Patio de la Infanta, los dibujos de Bayeu, una muestra del herbario de Pedro Gregorio Echeandía, útiles de medición y ciencia o el canijo corpiño de la heroína Casta Álvarez. Dicen que sales de allí con la autoestima reforzada por lo que la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País ha hecho durante los últimos 238 años para mejorar la cultura, la sociedad y la economía aragonesas. 

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