ITALO CALVINO, un escritor divido en dos mitades
Uno de los más grandes escritores que ha dado Italia, el insigne y añorado Italo Calvino, no es que fuera a Cuba a conspirar ni a inventar nada. Simplemente nació allí. Concretamente en Santiago de las Vegas, ciudad con aires rurales situada a tiro de piedra de La Habana. Allí nació en 1923, debido a que sus padres, ambos científicos, fueron contratados para dirigir el Jardín Botánico Tropical Humboldt. Allí pasaría solo sus tres primeros años de vida, ya que en 1926, un devastador huracán destruyó el bungalow donde vivían y la familia decidió volver a Italia.A pesar de lo anecdótico de su nacimiento, ya que el escritor pasaría toda su vida en Italia, dada su orientación izquierdista, Calvino haría posteriormente algún que otro guiño a sus orígenes cubanos y siempre tuvo a gala el haber nacido en esa hermosa isla caribeña. Incluso se marchó allí en 1964 para casarse con Chichita, su novia argentina de toda la vida, y ya de paso conocer a Ernesto Che Guevara, a quien le dedicaría un conmovedor escrito tras su muerte.
¿Qué queda en Cuba de Calvino? Pues no mucho, la verdad. Una placa situada en el Jardín Botánico, la Sala Calvino en el Museo Municipal de su localidad natal, un simpático librillo titulado “Las dos mitades de Calvino” -parafraseando su conocida novela “El vizconde demediado” (en Sudamérica titulada “Las dos mitades del vizconde”)-, un premio literario que lleva su nombre, y la cátedra Italo Calvino en la Universidad de La Habana, cuyo objetivo es divulgar la literatura italiana -en especial su obra- entre los estudiantes cubanos.
Y también el orgullo de que allí vino al mundo uno de los mejores escritores europeos de la última mitad del siglo XX.
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ANTONIO MEUCCI, el auténtico inventor del teléfono
Fue precisamente el inventor florentino Antonio Meucci, el que introdujo en los círculos intelectuales de La Habana a su compatriota Giuseppe Garibaldi.
Meucci, después de estudiar Ingeniería Mecánica en su Florencia natal, había marchado a Cuba en busca de fortuna, en donde trabajó de tramoyista en el teatro Tacón de La Habana, ciudad en donde inventaría lo que hoy en día es el teléfono.
Meucci en un principio se interesó por la electroterapia, llegando incluso a aplicar tratamientos a enfermos. En 1849, en uno de esos tratamientos el paciente sujetaba una placa de cobre conectada a los hilos conductores y Meucci se fue a otra habitación desde la que manejaba el instrumento que regulaba la corriente suministrada, lo conectó a una batería e indicó al paciente que introdujera la placa en la boca. El hombre dio un grito de dolor por efecto de la descarga y Meucci desde la otra habitación notó como el sonido le había llegado con más claridad de lo que sería normal dada la distancia a que se encontraba el paciente. Enseguida pegó su oído al instrumento desde el que estaba administrando la corriente y comprobó que podía escuchar la voz del paciente a través de él. Este fenómeno le impresionó tanto que lo repitió varias veces, comprobando que la voz de su paciente le llegaba cada vez con más nitidez.Pero al año siguiente un acontecimiento cambió inesperadamente el curso de su vida. El teatro sufrió un incendio y quedó totalmente destruido. El empresario teatral partió con su compañía hacia Nueva York y Meucci le acompañó en este viaje. Instalado ya en la ciudad de los rascacielos, perfeccionó su invento, al que en un principio llamó teletrófono. Pero debido a que sus finanzas no eran muy boyantes en aquella época, tan solo pudo pagar la patente durante los dos primeros años, perdiendo sus derechos sobre su invento a partir de entonces.
Fue entonces cuando apareció en escena el americano de origen escocés Alexander Graham Bell que logró patentar un aparato de similares características. Tras muchos conflictos y litigios, la poderosa compañía de éste último logró que en 1887 un juez lo reconociera como auténtico inventor del teléfono, muriendo Meucci dos años después en la más absoluta pobreza.
El 11 de junio de 2002 el Congreso de Estados Unidos aprobó una resolución por la que reconocía que el inventor del teléfono había sido Meucci y no Alexander Graham Bell.
Nunca es tarde si la dicha es buena.
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GARIBALDI, el héroe de los dos mundos
En Cuba siempre se ha deseado que esta leyenda fuera cierta. Que Garibaldi hubiera estado en la isla para ayudar a libertarla de la dominación española. Hasta hace poco todo eran especulaciones sobre la presencia del libertador italiano allí, pero desde hace ya unos años, la leyenda se ha convertido en realidad.

Fotograma de la telenovela brasileña “Siete mujeres”, en la que el actor Thiago Lacerda encarna a Garibaldi por tierras americanas
Se sabe a ciencia cierta que Garibaldi zarpó hacia Nueva York en el verano de 1850 en el vapor Georgia, cuyo diario de a bordo escribió el propio Garibaldi en inglés, tal como descubrió la investigadora italiana Anna Tola hace unos años en el Museo Estatal de Palermo. Desde allí emprendió un periplo por mar con intención de llegar hasta Panamá, pues en la cubierta puso: “De Nueva York al istmo de Panamá y retorno”. En ese viaje recorrió la costa occidental de Cuba, haciendo escala en La Habana. Viajó con el nombre de Joseph Paine, para burlar la vigilancia de las autoridades coloniales españolas, que de haberlo descubierto no hubieran permitido la entrada a la isla de personaje tan molesto para los intereses de España, pues era notoria la simpatía que tenía por los grupos separatistas cubanos. Pero de ahí a que instigara algún tipo de insurrección va un buen trecho, según apuntan casi todos los expertos en la materia.
Hoy en día se cree casi unánimemente que “no fue a conspirar como han afirmado algunos cronistas, sino que lo único que quiso fue comprobar los sentimientos de los cubanos, observando que el momento no era el adecuado, que no estaban expeditas las condiciones para la independencia», como afirma el estudioso cubano Enrique Pertierra.
Lo cierto es que muchas han sido las especulaciones: «¿Se reunió o no con los conspiradores en la botica de la calle San Ignacio? ¿Estuvo casi dos meses organizando una insurrección? ¿Tuvo contactos en algún otro lugar de la capital cubana con grupos separatistas, o solo se limitó a observar la situación en La Habana?», se pregunta más de un investigador cubano e italiano.
Al menos a los cubanos les queda el orgullo de que su estancia por aquellas tierras está más que confirmada. Que fuera a tomarse unos mojitos en el Floridita, a conspirar contra la Corona española, o a establecer lazos con alguna lugareña (o a todo al mismo tiempo, por qué no), es una incógnita que sigue sin despejarse…
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Roma celebra per la prima volta l’attrice Audrey Herpburn con una mostra-omaggio a sostegno dell’UNICEF. L’esposizione, che sarà aperta al pubblico nel museo dell’Ara Pacis di Roma fino al 4 dicembre, presenta scatti inediti, video e oggetti personali dell’attrice.
La mostra, ospitata dal Museo dell’Ara Pacis, racconta attraverso immagini, video e oggetti personali le tre vite vissute a Roma dall’attrice: diva del cinema, mamma e ambasciatrice. Infatti, in 25 anni, Audrey ha condiviso con Roma momenti cruciali della sua carriera artistica, da Vacanze romane e Guerra e pace a La storia di una monaca, ma soprattutto nella capitale ha vissuto molti anni di vita familiare, a stretto contatto con la città e con i suoi abitanti.
L’esposizione ci fa vedere il legame particolare fra l’attrice e Roma, con le vicende personali e familiari di Audrey. Didascalie, testi e grafica ripercorreranno il personale ricordo del rapporto tra Audrey e Roma. Pochi sanno che Audrey Hepburn visse più di vent’anni della sua vita a Roma, tra gli anni ’50, ’60 e ’70, quelli del matrimonio con Mel Ferrer, poi con Andrea Dotti, dai quali ebbe rispettivamente due figli, Sean Ferrer e Luca Dotti.
Dedicata agli anni romani, la mostra raccoglie quasi 200 foto: non foto in posa di grandi
fotografi, ma istantanee in parte inedite che la ritraggono nella vita quotidiana, a passeggio per la città, in famiglia, con i figli, in partenza o in arrivo all’aeroporto, assalita dai giornalisti, alle prime dei suoi film.
Un video esclusivo rivela momenti della sua vita privata lontana dalle scene. Considerando il legame tra la vita di Audrey e la storia della moda, le immagini sono accompagnate da alcuni abiti e accessori. Creazioni di Givenchy, Valentino, e tanti altri che rappresentano anche il modo di vestire di quel periodo, con abiti indossati
da Audrey nella vita di tutti i giorni.
Come diceva Audrey Herpburn nel suo ruolo di principessa in Vacanze Romane: ” Ogni città nel suo genere è indimenticabile. Tuttavia, se mi chiedete quale preferisco, direi Roma… il ricordo di questa visita non mi abbandonerà finchè vivrò“.
La mostra è un tributo alla grande star nella sua Roma che servirà a raccogliere fondi per il progetto di lotta alla malnutrizione infantile sostenuto dal Club Amici di Audrey per UNICEF, a cui la stessa Audrey ha dedicato una parte importantissima della sua vita in qualità di Ambasciatrice di buona volontà. L’integrazione nel prezzo del biglietto, infatti, sarà interamente devoluta in beneficenza all’UNICEF.
No son muchas las calles y plazas de Zaragoza dedicadas a Italia o a italianos ilustres. El callejero zaragozano se despacha con unas pocas calles (Bolonia, Italia, Marconi) y una plaza (Roma). Últimamente, en una lejana y moderna plataforma logística parece que se ha querido paliar esta escasez con calles como Messina, Bari, Tarento o Salerno, entre otras.
Si dejamos a un lado a dos “pre-italianos” tan ilustres como fueron César Augusto (con avenida y estatua, que por algo es el fundador de la ciudad) y Cristóbal Colón, que tiene una minúscula calle, apenas encontramos algo más.
Dos calles despistan bastante. Son la de Mateo Flandro y la de Jorge Cocci, dos impresores renacentistas afincados en Zaragoza y que alcanzaron fama internacional sobre todo este último, autor del considerado como el libro más bellamente impreso del siglo XVI, pero que de italianos solo tenían el apellido, pues en realidad eran alemanes de pura cepa.
Pero sí que hay tres personajes italianos que merecen un cierto reconocimiento, el primero es Ramón Pignatelli (que además de calle tiene dedicado un parque), el segundo Basilio Boggiero y el tercero Bernardo Ramazzini.
El primero, Ramón Pignatelli (1734-1793) en realidad no nació en Italia, sino en Zaragoza, pero procedente de una familia de Nápoles de toda la vida. Y no de una familia cualquiera, sino de una de las más nobles y prestigiosas del Mezzogiorno, llegando a tener en su seno a numerosos cardenales, virreyes de Sicilia, papas y hasta algún que otro santo. Su padre, Antonio Pignatelli, era príncipe del Sacro Imperio Romano-Germánico, ahí es nada. El apellido deriva de las tres piñatas (ollas o cántaros) que aparecen en su escudo, que representa al botín que un antepasado suyo, Landolfo, se trajo del palacio imperial de Constantinopla durante la primera cruzada.
Fue uno de los mayores ilustrados de esta tierra, conocido sobre todo por ser el artífice del Canal Imperial de Aragón. Era licenciado en Derecho, Cánones y Filosofía, además de cursar estudios de matemáticas, física y ciencias naturales en Zaragoza y en Roma.
Su currículum está lleno de obras muy importantes para Zaragoza, destacando la Casa de Misericordia, el hospicio más importante de la ciudad, para el que construyó la actual plaza de toros, cuyos beneficios iban destinados a sufragar los gastos de los huérfanos. Fue canónigo de la Seo con tan solo 19 años, rector de la Universidad de Zaragoza en cinco ocasiones y uno de los hombres más cultos de su tiempo. Junto con el conde de Aranda, quizás fue el aragonés que tuvo más peso en la corte de Madrid.
El padre Basilio Boggiero Spotorno (1752-1809) es un personaje entrañable para cualquier zaragozano que se interese mínimamente por la historia de su ciudad. Nació en Celle, un pueblecito costero no muy lejos de Génova (Liguria). Era hijo de un comerciante instalado en Zaragoza. En principio su carrera iba a ser la de las armas, pero prefirió el sacerdocio, ingresando en la orden Escolapia. Educador del general Palafox, cuando éste se hizo con el mando de Zaragoza en mayo de 1808, lo convirtió en su principal consejero. Luchó en la primera línea del frente hasta llegar a convertirse en un símbolo de la resistencia contra el invasor francés.
Tras la capitulación de la ciudad, fue asesinado junto al padre Santiago Sas el 22 de febrero de 1809, rompiendo los franceses su promesa de respetar la vida de todos los rendidos. Tras sus asesinatos, los franceses tiraron ambos cuerpos al Ebro desde el puente de Piedra, motivo por el que hoy existe una cruz sobre el puente recordando dichos sucesos.
Bernardino Ramazzini (1633-1714) tiene su calle justo al lado de la Mutua de Accidentes de Zaragoza (MAZ), en lo que antes era la antigua Carretera de Huesca.Y no es casualidad que la calle esté ubicada allí, ya que este ilustre italiano, desconocido por casi todo el mundo, fue el “inventor” de la medicina del trabajo. 
Este médico, nacido en Carpi (Módena), fue autor del primer tratado sobre las enfermedades de los distintos oficios, para cuya redacción visitó más de 50 lugares de trabajo con el fin de observar qué sustancias y qué materiales usaban los distintos gremios y así estudiar las enfermedades que con más frecuencia contraían los trabajadores. Preconizó un sistema sanitario para el ámbito laboral justo antes de que llegara la Revolución Industrial, siendo el primero en percatarse de los peligros de los productos químicos, el polvo, los metales, los movimientos violentos y las posturas inadecuadas en el trabajo.
También fue el precursor del uso de la quinina para tratar la malaria, con notable éxito, a pesar del rechazo de la comunidad médica de la época.
Hoy en día, los médicos cuando examinan a sus pacientes, una de las primeras preguntas que hacen es “¿A qué se dedica?”. Fue precisamente Bernardino (o Bernardo) Ramazzini quien la introdujo en el cuestionario hipocrático, salvando así, alguna que otra vida.
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