I morti sempre sono stati importanti a Roma. E nel cimitero acattolico della città eterna i defunti sono “gioiosi”. I morti riposono all’ombra della Piramide di Caio Cestio, pini, cipressi e rose selvatiche. I morti sono sempre accompagnati dalla presenza silenziosa dei gatti che guardano le loro tombe. Il luogo ispira pace, speranza e perché non riconoscerlo…un po’ di gioa. Tra gli altri, qui riposano John Keats, Percy Shelley, Antonio Gramsci, Emilio Gadda o l’attrice Belinda Lee. Istituito verso il 1738 è conosciuto come cimitero degli stranieri, dei protestanti o degli artisti. A quell’epoca, lo Stato Pontificio non permetteva dare sepoltura ai non cattolici in terra benedetta e le inumazioni dovevano aver luogo di notte. La zona dove sorge il cimitero, fra Porta San Paolo e il Testaccio, ancora nel ’700 e fino ai primi dell’ ’800 faceva parte dell’agro romano. Da allora quasi 4.000 sono le persone che dormono qui: inglesi e tedeschi soprattutto, ma anche molti americani e scandinavi, russi, greci; persino qualche cinese e rappresentante di altri paesi orientali.
Poco tempo fa, il cimitero apparse in un articolo del New York Times come uno dei luoghi da non perdere se si è 36 ore a Roma.
Appartienne anche al Percorso Cimiteri Europei dell’UE. La statua dell’Angelo del Dolore, che accompagna la tomba dello scultore americano William Wetmore Story e sua moglie, è sulla copertina di un CD di musica rock e anche molti ragazzi si avvicinano al cimitero appositamente per vederla. Alcuni sono tutte le mattine al cimitero con un libro in mano. Altri fanno una passeggiata circondati dai canti degli uccelli e da un silenzo ed un odore incredibili accanto a una zona completamente circondata dalle macchine. Qui non ci sono soltanto i morti, ci sono anche dediche a persone che non potevano essere seppelite qui: come la dedica a una signora che viveva nelle vicinanze o quella a un’altra signora che ha trascorso molto tempo a Roma, ma che ora è sepolta in Finlandia.
Il cimitero acattolico è privato. La sua gestione è demandata ad una associazione formata da 14 ambasciate in Roma che hanno sepolture dei connazionali nel cimitero. L’entrata è gratuita, soltanto si chiede un’aiuto di 2 euro per la conservazione di questo posto, ma la donazione è volontaria. Il cimitero è ancora attivo e le sepolture sono permesse sia nelle esistenti tombe di famiglia sia nei nuovi loculi per urne cinerarie. La tomba più antica tuttora esistente è quella di Gorge Langton che morì nel 1738. Nella Parte Antica si possono visitare parecchie tombe che risalgono alla fine del 18° secolo. L’indirizzo esatto è Via Caio Cestio, 6. Si può visitare da lunedì a sabato dalle 9.00 alle 17.00 (ultimo ingresso alle 16.30) e la domenica ed i festivi dalle 9.00 alle 13.00 (ultimo ingresso alle 12.30).
A cuatro pasos del Panteón, las paredes de la Biblioteca Casanatense de Roma (Via San Inazio, 52) esconden miles de secretos. Y no solo porque contiene casi 400.000 volúmenes, entre ellos 6.000 manuscritos y más de 2.200 incunables y dos globos terráqueos del siglo XVIII de un tamaño que hubiera hecho temblar al mismísimo Charlie Chaplin en “El gran dictador”. Los enigmas flanquean estos libros por los cuatro costados. La biblioteca la creó el cardenal Girolamo Casanate (1620-1700), un dominico italiano con orígenes navarros. Entre otros oficios, fue inquisidor y bibliotecario del Vaticano y, a su muerte, cedió a los padres dominicos 25.000 preciosos ejemplares con la única condición de que pudieran ser consultados. Hay textos de religión, de medicina, de matemáticas, de lenguas exóticas, de geografía… La biblioteca custodia no solo las obras aprobadas o rechazadas por el Tribunal de la Santa Inquisición y del Santo Oficio, sino también las partes censuradas para futuras ediciones y las anotaciones a mano de los examinadores. Los padres dominicos continuaron durante décadas enriqueciendo los fondos. Solo como curiosidad, en el convento anexo a la biblioteca tuvo lugar en 1725 el proceso contra Galileo Galilei.
Aparte de la colocación de cámaras de videovigilancia y mobiliario, se conserva igual que en 1701 cuando abrió sus puertas en uno de los claustros de Santa María Sopra Minerva. Al salón principal, en el que se conservan unos 25.000 libros ordenados igual que hace más de tres siglos, se accedía desde una puerta que comunicaba con la iglesia. Ahora ya no, la Santa Sede colocó una verja para impedir el paso cuando perdió el control de la biblioteca. Durante un tiempo, la Casanatense tuvo gestión común con la Biblioteca Nazionale Vittorio Emanuele II y llegó a construirse un pasadizo elevado de lado a lado de la calle San Inazio. También este acceso se bloqueó hace tiempo. Ahora depende del Estado italiano y, en concreto, del Ministero per i Beni e le Attività Culturali, que continúa poniendo al día la biblioteca y digitaliza poco a poco estas joyas bibliográficas. También se cede para presentaciones de libros y exposiciones artísticas. Hubo que repensar los planos y abrir una pequeña puerta de acceso desde la Via San Inazio, 52. Eso sí, se sigue cumpliendo la condición de Girolamo Casanate y los fondos son accesibles al público.
Hay visitas guiadas gratuitas todos los días de lunes a sábado a las 11.30. Solo es preciso responder a una pregunta cuando comienza la explicación: de dónde eres. Si la respuesta es “de España”, la bibliotecaria lo tiene claro: “Y estás aquí por el libro del periodista español”. Así es. La funcionaria se refiere a “Historias de Roma“, de Enric González (RBA), escritor y corresponsal del diario El País. González describe la sala principal de esta biblioteca como “una de las estancias más bellas de Roma”. Y no le falta razón. Se respira cultura, historia y vida. Las explicaciones de la bibliotecaria no tienen desperdicio. Se nota que ama estos libros, esta sala y los globos terráqueo y celeste pintados a mano en 1716 por Silvestro Amancio Moroncelli. Cuenta cómo una empresa especializada tarda un mes entero en limpiar todos y cada uno de los ejemplares del salón principal. Explica a qué responde el orden de los libros y cómo la biblia está colocada en el sitio más destacado. Y reconoce que no logra comprender por qué se ha decidido recuperar la fachada de este edificio y no se ha dedicado ese dinero a la necesaria conservación de los fondos. Solo hace falta asomarse a la ventana y ver el nombre de la empresa que ha colocado los andamios para entenderlo.
El chauvinismo francés en Italia se conoce como campanilismo. En todas las ciudades de Italia existe un campanario (campanile) que sus habitantes piensan que es el mejor del país. Estos son algunos de los más conocidos, una pequeña muestra.
TURIN, LA MOLE ANTONELLIANA
Convertida en símbolo de una ciudad a la que símbolos no le faltan, y más en este año en que se celebra el 150 aniversario de la Unidad de Italia (fue la primera capital del país y en Palazzo Carignano, sede del Museo del Risorgimento, se encuentra la sala en que se reunió por primera vez el Parlamento de la Italia unificada), la Mole Antonelliana sobresale entre los techos de una ciudad, orgullosa de haber sido en su momento la construcción más alta del mundo.
Alessandro Antonelli (1798-1888) diseñó la torre para la comunidad judía de Turín que le encargó la construcción de una sinagoga, por ello la cúpula no es circular sino cuadrada. Pero el edificio nunca llegó a tener el uso de templo religioso, el Ayuntamiento de la ciudad adquirió la propiedad antes de que fuera terminada con la intención de establecer en ella el Museo del Risorgimento.
La Mole alcanza los 167.5 metros de altura y tiene una “hermana”: la cúpula de la catedral de San Gaudenzio en Novara, construida por el mismo arquitecto en el año 1.887.
Desde el año 2000 la Mole Antonelliana alberga el Museo Nacional del Cine, uno de los más interesantes que se pueden visitar en Turín.
LA GHIRLANDINA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
Modena es conocida sobre todo por ser la sede de Ferrari pero en 1.997 la UNESCO declaró el conjunto monumental que forman la Piazza Grande, la catedral y su torre como Patrimonio de la Humanidad.
La catedral es una de las grandes joyas arquitectónicas del románico. En su interior en la zona del presbiterio y cubriendo la cripta se sitúa el llamado “pontile” una estructura sobreelevada que apoya sobre seis pequeñas columnas. En uno de los extremos está la cátedra del predicador. El frontis, en mármol, está adornado con escenas polícromas de la Pasión de Cristo. La obra fue realizada por Anselmo da Campione entre los años 1160 y 1180.
En el exterior de la catedral se encuentra la torre campanario llamada La Ghirlandina, que recibe este nombre de las dos coronas de columnas que ornan su cúspide y que dan la idea de una guirlanda. La torre en origen era de planta cuadrada y se elevó hasta una altura de seis pisos. La realizó el arquitecto Lanfranco al mismo tiempo que se estaba construyendo la catedral. Después, entre 1261 y 1319, Arrigo da Campione colocó sobre ella un tambor de planta octagonal coronado por una pirámide de igual figura geométrica que le hizo alcanzar los 88 metros que tiene en la actualidad
Durante su larga existencia ha tenido varios usos: obviamente como Campanario de la Catedral pero también como torre de defensa e incluso archivo de documentos y depósito del dinero de la ciudad. Desde ella se anunciaba la apertura de las puertas de la ciudad.
CREMONA, MAS QUE UNA TORRE, UN “TORRAZZO”
En los bosques de Cremona es de donde Stradivarius obtenía la madera para fabricar sus famosos violines pero en esta ciudad el símbolo que la identifica es una vez más su torre llamada por los cremoneses “Torrazzo” debido a las grandes dimensiones que tiene.
Esta torre, la más alta de las construidas con ladrillo en Italia, es el campanario de la catedral y se encuentra unida a ella por un pórtico llamado “Bertazzola” que fue construido entre 1493 y 1496.
El Torrazzo, alcanza los 111 metros y se desconoce exactamente la fecha en la que fue construido, aunque está documentado que la parte más baja estaba finalizada en 1267. Como en el caso de La Ghirlandina de Modena, la torre aumentó su altura con el añadido de una construcción octagonal coronada por una pirámide de igual geometría, entre 1284 y 1309. En la fachada que da sobre la plaza la torre muestra un magnífico reloj astronómico cuyo mecanismo, que es posible admirar durante la ascensión, fue construido en 1583 y hoy en día todavía funciona. Quien quiera realizar el sano ejercicio de subir escaleras puede hacerlo accediendo al interior del Torrazzo por la Puerta del Paraíso, subiendo los 487 escalones que llevan a la cúspide el visitante podrá disfrutar de un gran panorama de Cremona.
TRENTO, LA TORRE DEL AGUILA.
Hablar de Trento es hablar del Concilio más famoso y decisivo de la Cristiandad. La reunión eclesiástica tuvo influencia incluso en el nombre del lugar de reunión. El castillo en origén se llamaba del Malconsiglio, nombre de evidente mal augurio para un Concilio que debía decidir sobre cuestiones importantes de la Iglesia Católica, así que el nombre fue cambiado por el de Buon Consiglio. Formando parte de este histórico castillo se encuentra la Torre del Águila.
La Torre del Águila recoge uno de los ciclos pictóricos, con la técnica del fresco, más bonitos de Italia, el de los Meses. En diferentes recuadros, sutilmente interrumpidos por finas columnas, se muestran las distintas actividades que los trentinos realizaban en los distintos meses del año. El cambio de estación está hecho con mucha atención, de los primeros paisajes invernales donde el blanco predomina sobre cualquier otro color, hasta la espectacular vegetación de los meses de la primavera y el verano, momento culminante de la actividad agrícola. En el otoño, los árboles están rodeados por sus hojas caídas en la tierra. El detalle también alcanza a los trajes de los personajes, ricos y coloridos para los nobles, simples y descuidados para los campesinos. Obviamente, las actividades ligadas a cada mes se describen con igual detalle y así se puede observar el arado de los campos, la vendimia, el sembrado, los paseos y la caza, entre otros.
La peculiaridad de estos frescos es que se encuentran en una zona donde esta técnica no estaba muy desarrollada. También se ignora quién pudo realizarlos.
SIENA, LA TORRE DEL MANGIA, ALTIVA Y ELEGANTE
Punto de observación privilegiado de una de las plazas más bellas de Italia, la Piazza del Campo, y testigo desde hace siglos de la carrera de caballos por antonomasia, el Palio, la Torre del Mangia de Siena es un prodigio de elegancia. Impresiona verla desde abajo, parece imposible que una torre tan alta, 88 metros, y delgada pueda sostenerse con la solidez con la que lo hace. Esta torre rivaliza con la del Palazzo Vecchio de Florencia, la gran rival de Siena.
La torre forma parte del Palazzo Pubblico, antigua sede del Gobierno de la República de Siena, que empezó a construirse entre 1293 y 1297, y hoy sede del Ayuntamiento y del Museo Cívico de la ciudad. Sobre el lado izquierdo de la fachada se construyó la torre, cuya primera piedra se pusó en 1325 pero su construcción no comenzó hasta 1338, terminándose diez años más tarde. Los autores de la torre fueron Muccio y Francesco di Rinaldo, dos arquitectos de Perugia, que utilizaron el ladrillo como material de construcción y la piedra para rematar la torre.
El nombre por el que se conoce a la torre deriva del primer campanero que tuvo, Giovanni di Balduccio, que era conocido como el Mangiaguadagni, algo parecido a “come beneficios”, por destinar todos sus haberes a la buena cocina.
BOLONIA. NO UNA, DOS TORRES: LA GARISENDA Y LA ASINELLI.
Bolonia tiene universidad, gastronomia, arte… y dos torres que la identifican. Una es baja, la Garisenda, actualmente cuenta con 48 metros de altura aunque llegó a medir 67. El motivo de rebajarla fue que el terreno y los cimientos cedieron bajo el peso de la torre inclinándola peligrosamente, así que en el siglo XIV se redujo su altura hasta la que actualmente ostenta. Pero a pesar de ser la pequeña de las dos torres, tiene el honor de figurar en la Divina Comedia de Dante, exactamente en el Canto XXXI del Infierno:
“Quel pare a riguardar la Carisenda.
Sotto il chinato, quando un nuvol vada
Sovr’essa sì, ch’ ella in contrario penda:
Tal parve Anteo a me che stava a bada
Di vederlo chinare…”
En el siglo XIX le añadieron alrededor de la base un cinturón de piedras de selenita.
Enrique Lamata Murillo
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En estos días extraños, soñar un sueño es cosa de locos. Perseguirlo, una heroicidad. Habitar en él, un milagro. Soñar, perseguir, habitar, son tres verbos que casan bien con la peripecia íntima de una mujer francesa, Niki de Saint Phalle, que soñó, buscó y vivió su sueño en un paisaje toscano. Atea, inconformista y provocadora, esta francesa de familia bien se enamoró de un lugar: el Parc Güell, en Barcelona, que provocó en ella un auténtico shock benéfico, fundamental. Ya conocía Bomarzo, otro encuentro decisivo, pero fue la sugerencia catalana la que determinó su estupenda forma de esculpir, de modelar su sueño. El azar condujo a la francesa hasta un lugar italiano, hermoso como un cuadro, perdido como ella. Y fue en ese paisaje donde creó su jardín insólito, su visión del mundo, propia de la herencia renacentista. Il Giardino dei Tarocchi, en Capalbio, no muy lejos de Florencia.
Queste sono le sue parole.
“Sapevo che un giorno avrei costruito il mio giardino della gioia. Un Piccolo angolo di Paradiso. Un luogo d’incontro tra l’uomo e la natura”.
“Se queste sculture non mi avessero consentito di tradurre i miei sogni in realtà, chissà, forse le mie fantasie ossessive avrebbero finito col farmi rinchiudere in una clinica pschiatrica, vittima delle mie stesse visioni. Adesso, l’antico Desiderio di vivere in una scultura sarà finalmente esaudito”.
Y añade:
“Se la vita è un gioco di carte noi nasciamo senza conocere le regole. Nonostante ciò siamo tutti chiamati a giocare una mano”.
In questo giardino, il visitatore inizia a giocare, a scegliere le carte e a delineare il proprio futuro.
¡A qué esperamos!




